Raza, Sexo y Clase Media. La Política en Belice, 1888 – 1898
Anne S. Macpherson
BORRAR LA MADRE NEGRA
En Septiembre de 1798 una flota española llegó a las playas de Belice y el encuentro bélico que se produjo allí, conocido como la batalla del Cayo St. George, fue santificado en un mito de origen político que imaginó la nación criolla como una fraternidad racialmente desigual. El mito de la batalla conmemoraba a los padres plancos como patriotas y a los esclavos varones como dependientes leales mientras se borraba la presencia de los negros y algunas veces madres cabezas de familias criollas.
Este ensayo traza el surgimiento del mito durante la década de lucha política de 1888-98. El mito de los orígenes de las naciones coloniales excluye a las mujeres no sólo por motivos de género sino también porque los criollos veían como tabú la historia y la realidad del sexo interracial. Una élite del Atlántico Norte incluso sostenía teorías sobre la inferioridad de africanos, negros del nuevo mundo y mulatos híbridos.
En pos de lograr sus derechos en cuanto a representación legislativa, la clase media criolla de Belice negaba su propia mezcla racial heredada haciendo a un lado a sus madres negras al momento mismo de la fundación de la nación criolla. Por lo tanto, se dice que la nación imaginada nació de la guerra y no del sexo.
Asociándose ellos mismos con “lo blanco” sin explícitamente ser blancos, la clase media criolla se presentaban como auténticos nativos. La idea latinoamericana de miscegenación blanca tiene menos presencia en el caribe británico antes y después de la abolición, donde los grupos de clase media de raza mezclada veían una clara separación entre ellos y la masa de gente negra y donde la política imperial post-Morant prevaleció limitando la mezcla social entre administradores británicos y locales.
El mito negó los reclamos básicos Mayas alegando que el esclavismo británico-hondureño era benigno, demonizando todo lo español, legitimando la autoridad imperial, y marcando una distinción racial entre la respetable clase media y las masas negras y borrando el rol histórico de las mujeres negras y “mezcladas” en la creación de la nación criolla quitándoles cualquier razón para reclamar sus derechos políticos.
Los líderes criollos quienes crearon el mito de la batalla en 1898 se enorgullecían llamándose a sí mismos “verdaderos patriotas” y asumiendo la batalla como una “herencia criolla” en busca de los derechos legislativos. El mito posesionó una nación pero no una que fuera independiente, democrática o inclusiva para nadie más que no fueran hombres de la clase media criolla como ciudadanos merecedores de derechos.
UN CENTENARIO DE DEBACLE Y EL NACIMIENTO DEL MITO DE LA BATALLA
Como los contratistas de los campos de caoba se convirtieron en agentes subordinados a los capitalistas metropolitanos en 1850 el Congreso Público fue reemplazado por una Asamblea Legislativa elegida por una pequeña cantidad de varones que generalmente representaban a los intereses británicos. En 1870 estos miembros de la Asamblea eliminaron los derechos al voto poniendo a la Asamblea en manos de las reglas de la corona. Este “paternalismo imperial” concentró poder político en manos del gobernador elegido, el Concejo Ejecutivo y el Concejo Legislativo.
La elite británica y escocesa propietaria de tierras mercantiles rápidamente unió su poder a estos Concejos y en 1892 ganaron la mayoría en los votos del Concejo Legislativo sobre los oficialistas del gobierno que normalmente reducía el gasto en agricultura, infraestructura, educación y salud. Esta “mayoría no oficial” de legisladores con poder fue un primer blanco de los hacedores del mito en 1898.
La elite blanca, sin embargo, primero fue atacada por la clase trabajadora negra, legalmente liberada en 1838, este grupo experimentó el periodo postemancipación como una crisis de pobreza y exclusión política apenas aliviada por la educación de la iglesia.
En diciembre de 1894 trabajadores criollos de los campos de caoba y sus mujeres protestaron en contra de una devaluación de la moneda que le quitó todo su poder de adquisición. Tomaron tiendas, se declararon ellos mismos como los verdaderos nativos de la colonia y condenaron a la “Mayoría no Oficial”por no tener ninguna lealtad a la clase media criolla.
En las décadas de 1870 al 90 pocos hombres de las familias criollas de clase media eran propietarios de tierras de caoba. La mayoría eran pescadores, mercantes, tenderos, sirvientes y hombres de negocios. Entre ellos, hombres claves participaron en la creación del mito de la batalla como Usher, Haylock, Fairweather y Hyde. Todos menos Fairweather eran descendientes de uniones entre mujeres de color y hombres blancos.
El mito de la batalla de 1898 tomó forma desde el conflicto político de la década previa, durante la cual tres proyectos políticos fueron lanzados por distintos grupos de la sociedad colonial. El primero fue al Jubileo de Emancipación de 1888 al 93 y el proyecto del hall popular, llevado a cabo por trabajadores negros para conmemorar la abolición de la esclavitud. El segundo era de las elites propietarias de tierras mercantiles de 1888 al 92 para ritualizar el aniversario de la batalla. El tercero fue la protesta de la clase trabajadora negra en 1894 que expresaba la furia popular al poder político y económico de los mercantes. Esta fue la década en la que la clase media criolla clarificó su identidad política y sus intereses articulando una estrategia política y cultural.
Elementos clave del mito de la batalla se originaron en dos referencias del temprano siglo XIX. En 1823 poseedores de esclavos mencionaron la lealtad de estos como evidencia que sus esclavos eran bien tratados y argumentaron que los esclavos preferían la bondad de los británicos a la libertad de los españoles. En 1827 hombres negros dueños de esclavos (Hyde) viajó a Londres para discutir sobre los derechos civiles de los negros libres, sin embargo lo hacía no porque estuviera de acuerdo con ellos sino por remarcar su pasado blanco en sus reclamos. Este argumento y el énfasis de los dueños en la lealtad de sus esclavos sobrevivió en el mito oficial en 1898, sin embargo la admisión franca de Hyde de tener una madre negra no lo hizo.
EL JUBILEO DE EMANCIPACIÓN Y EL PROYECTO DEL HALL POPULAR 1888-1893
El 1 de agosto de 1888 los Beliceños identificados por ellos mismos como descendientes de esclavos celebraban el cincuenta aniversario de la emancipación. Liderizados por un trabajador llamado Simon Lamb. Junto a un número considerable de mujeres y varios maestros de escuela. El jubileo indicaba la capacidad de los identificados negros de organizarse involucrando negros y mujeres de raza mestiza y no mencionaba a 1798 como ninguna fecha de mayor importancia para los negros de Belice. Los organizadores pidieron una institución educativa sin mencionar sus derechos políticos pero no veían a la clase media criolla como interlocutores.
Tres características notables del jubileo fueron la combinación de “cortadores de madera” y “pescadores”, la inclusión de las mujeres y la presencia de trovadores negros. Sin embargo, los criollos de clase media sin ningún deseo de conmemorar el esclavismo y la emancipación o de identificarse con sus ancestros negros no hicieron ningún esfuerzo de revivir el proyecto.
LA BATALLA DE EXPATRIACIÓN Y LA “MAYORÍA NO OFICIAL”
Para el tiempo en que el hall popular fue destruido, la elite mercantil blanca ganó un poder sin precedentes a través de la mayoría no oficial.
En enero de 1891, Gahne, de la elite dueña de tierras mercantiles, dos médicos británicos y dos criollos formaron el comité popular para denunciar el despotismo británico logrado a través de la mayoría no oficial. Gahne defendía al comité como representativo y patriótico, retratándolo como una asamblea racialmente inclusiva y criticando al hall popular como irresponsablemente divisionista. Finalmente, una corte inglesa declaró como inconstitucional a todo el Concejo Legislativo.
Luego del logro de la libertad, Gahne rápidamente atacó al comité del hall popular por su lento accionar y por tener un proyecto sectario. Con el poder alcanzado, el precario lenguaje de inclusión y equidad era justificado. Pronto, sin embargo, la clase media criolla cuestionaron el gran poder que habían ganado a través de la mayoría no oficial y empezaron su propia campaña por una legislación parcialmente elegida, campaña en la que la rearticulación del mito de la batalla como criolla era lo central.
EL MOTÍN DE LOS TRABAJADORES DE 1894
El desencantamiento de los criollos con la mayoría no oficial reforzó la reacción de la clase trabajadora negra que se amotinó el 11 de diciembre de 1894. Un abogado que apoyaba este movimiento llamado Maxwell aseveraba que un nuevo gobierno era necesario después del motín por la devaluación en 1894, la clase media por completo comenzó a dirigirse hacia la posición de Maxwell.
El motín fue precedido por una delegación de trabajadores que fueron hacia el gobernador con la petición de un incremento en los salarios, ellos se catalogaban a si mismos como “los verdaderos inhabitantes de la colonia” sin tener quien proteja sus intereses mientras ambos Concejos se encontraban llenos de mercantes y otros empleados.
Las mujeres pobres participaron activamente en el motín yendo en contra del comportamiento autoritario y antimujer de las autoridades imperiales. La clase trabajadora negra se convirtió en un factor político que la clase media criolla no pudo negar.
Gahne caracterizó el motín como ajeno al carácter del pueblo y llamó a la creación de una nueva Asamblea Legislativa que fuera más representativa que la Asamblea instalada entre 1853 y 1870.
Maxwell escribió que el gobierno de esa colonia era absoluto, que la gente como él ya no tenía voz en el manejo de los asuntos públicos tal como los esclavos. Recordó que en 1891 el Comité popular había manejado la idea de logra la representación a través de la elección.
A fines de 1895 la clase media criolla formó el comité de avance de la colonia que comenzó con una crítica abierta a la Mayoría no oficial por la falta de progreso en educación, desarrollo agrícola, transporte y comunicaciones. En abril de 1896 la editorial de Gahne dijo que la gente estaba cansada. Ese verano Gahne tuvo dos jugadas: argumentó que la economía de la caoba había retrasado el desarrollo colonial y sugirió que la gente se prepare para celebrar como se debe el centenario de la batalla en septiembre de 1898.
En la construcción de su propia versión los varones de la clase media criolla rechazaron tanto la respetable identidad negra de 1888 y la combativa de 1894.
EL MITO DE LA BATALLA 1897 – 1898
Los hombres que liderizaban a los criollos usaron la historia de la batalla como un vehículo para lograr que sus demandas de representatividad legislativa sean escuchadas. Gahne escribió que sin la batalla, que la Honduras británica sería como Cuba o Filipinas, forzadas a rebelarse contra los españoles.
Uno de las características más remarcadas de la historia es la galantería y nobleza verdadera desplegadas por los esclavos quienes a pesar de la bondad en la que fueron mantenidos y recordando únicamente solo el buen trato recibido por sus patrones, cuando escucharon del peligro al que sus patrones abandonaron sus hogares pacíficos y lugares de trabajo y corrieron a ayudar a sus patrones armados con palos y otros artefactos.
EMBARAZADAS CON INDECENCIA
Los artículos arriesgados de Gahne sobre la batalla a principios de 1890 fueron anti británicos y asertivos hacia la equidad racial y la unidad de los nativos. Pero estos atributos fueron superficiales y dependientes de liderazgos de las elites dueñas de tierras mercantiles. La clase media criolla era incapaz de enfrentares independientemente a las autoridades coloniales y genuinamente aliarse con la clase trabajadora. Reclamando ser criollos en términos culturales y pertenencia nativa la clase media se descriollizó a sí misma racialmente al menos en el terreno de la política.
Tanto para Vivian Seay, una líder de clase media, como para los creadores del mito en 1890, el sexo interracial era públicamente un tabú, y el rol histórico de las mujeres negras nunca podría estar a salvo. En el intento de articular una justificación para su representatividad en el gobierno la clase media criolla se enfrentó a su propia ambivalencia sobre su identidad racial, una ambivalencia centrada en sus madres de color.
Cuán descansados deberán sentirse los creadores del mito al atestiguar la pieza central de la celebración en Belice en el carnaval cuando mujeres negras, muchas de ellas pobres, bailan en las calles al son de tambores tocando ritmos afro caribeños. El ser negro y la identidad nacional es más compatible en el caribe británico que en Latinoamérica, pero sólo en el sentido que las clases populares se han liberado del imperio y del pensamiento racista de la clase media que marcó hasta fines del siglo XIX.