martes, 11 de julio de 2006
Conflictos sobre raza, clase y nación (1902-1906)
Lillian Guerra


El 21 de mayo de 1902, un día después de que las fuerzas militares de los Estados Unidos cedieron formalmente el control de la isla de Cuba a oficiales cubanos elegidos, las celebraciones nacionales inaugurando la República se reflejaron en diferentes formas de reuniones. Ochenta o noventa hombres se unieron al son de tonadas de esclavos, al ritmo de los tambores africanos y con atuendos de diablitos, y bailaban, eran llamados “ñáñigos”.

La policía intervino la fiesta y fueron un total de 59 prisioneros, entre ellos 25 mulatos, 32 negros y 2 blancos. Después de confiscar cientos de objetos de la casa donde se reunían la policía se los llevó a todos. La policía los denunció por ser “ñáñigos”, miembros de una sociedad secreta conocida como Abakuá que practicaba rituales y creencias africanas.

Un prisionero dijo que el propósito de la reunión era el de celebrar la nueva República, sin embargo los oficiales de policía justificaron el arresto diciendo que la sociedad Abakuá había sido reconocida como criminal. Una fianza de 1.000$ por defendido cargaron las autoridades a los hombres que según ellos violaban el artículo 186 del Código Penal Español y la orden 109 implantada por el gobierno militar estadounidense en 1899.

Los abogados defensores argumentaron que el arresto era ilegal pues ignoraba artículos clave de la constitución cubana que los oficiales decían que defendían. Estos artículos anulaban códigos legales preexistentes, especialmente leyes que restringen o violan los derechos civiles que la constitución garantizaba para todos los ciudadanos, incluyendo el derecho de reunirse y asociarse.

Ni el juez de distrito de la corte ni los jueces de la Corte Suprema se habían basado en precedentes legales españoles para dictar su veredicto.

La judicatura republicana cubana retó a la nueva constitución a interpretar la ley española todavía más rígidamente que los españoles, esto ilustra el debate sobre el significado de libertad que descansa sobre el corazón del esfuerzo de formar un estado-nación viable en el temprano siglo veinte.

Clase y raza se convirtieron en características sobresalientes del conflicto político precisamente porque forman los ejes referenciales que distinguen la visión de un sector de la de otros sobre la nación.

Los conservadores, al control de la primera administración republicana, limitaron la interpretación de nación y ciudadanía a aquellos cubanos que se adhirieron a valores culturales tipificados por la elite colonial.

Su objetivo era construir una sociedad europeizada que vaya con su visión de la nación cubana, poblada por ciudadanos blancos.

En contraste, los líderes liberales de la oposición actuaban más como abogados defensores en el juicio de 1902 contra los ñáñigos. Ellos se negaban a conceder legitimidad cultural a las clases populares de expresar una identidad o afinidad por la nación no europea o criollizada.

Los líderes liberales entendieron la relación entre raza y nación en términos meritocráticos: ellos querían reorientar la sociedad hacia normas fuera de lo colonial desarrollando líneas de patronaje político y un proceso gradual de cambio social de arriba abajo.

Las promesas liberales incluyen a las clases populares como constituyentes del estado descansando en dos condiciones: Primero, las clases populares podían articular acusaciones contra el Estado a través del discurso histórico de la unidad social sin racismo que los liberales, como los más progresistas líderes cubanos pro-independencia. Segundo, cualquier acción política autónoma de los activistas de la clase popular constituye una deslealtad de la autoridad liberal y una invitación a los Estados Unidos a intervenir.

En este sentido, lo “no racista” que implica la fundación de la nación liberal implica tolerancia a las diferencias raciales y culturales entre los ciudadanos solo en la medida en que ellos reconozcan las autoridades liberales como elite política.

El activismo de los trabajadores que no sólo cruzó las líneas raciales sino también derivó su autoridad cultural o ideológica desde afuera de los rangos de la elite política liberal amenazaba la nación liberal.

La inclusión de los blancos, negros y mulatos cubanos a la celebración de la nueva república en 1902 de Abakuá revela cuán diferente interpretan a la nación y sus principios de ciudadanía las clases populares cubanas y las elites políticas.

Los activistas de la clase popular interpretaban a la nación bajo sus propios términos. Ellos veían al pasado más intrínseco a las discusiones contemporáneas sobre la raza en relación al estado y la política de estado que los mismos líderes liberales o conservadores.

El mestizaje en el corazón de la nación de las clases sociales era más igualitario que la homogeneidad racial y cultural que preferían los conservadores o la heterogeneidad meritocrática que ofrecían los liberales.

Este ensayo argumenta que, como se ilustró en el sistema judicial del juicio de 1902 contra los ñáñigos, las elites políticas dentro y fuera del estado ofrecieron a los negros y a los activistas de la clase trabajadora poco chance de involucrarse en los primeros años de la República. Analiza el grado en el que los debates sobre las políticas de estado incluían o excluían discusiones sobre raza como marca cultural histórica o biológica.

Como resultado de los encuentros con las clases populares, las elites políticas se volcaron más hacia una involución política sus reclamos selectivos y la incorporación del orden colonial como la base del poder político.

TRAZANDO LOS ORÍGENES DE DIFERENTES INTERPRETACIONES SOBRE RAZA Y NACIÓN EN CUBA

La relación entre raza y nación construida en la república temprana se basa en la contradicción entre el discurso revolucionario de liberación de Cuba y la práctica política que este discurso generó antes y después de 1902.

En el primer estudio a fondo de la dinámica entre raza y nación en Cuba, Aline Helg propone que la revolución produjo un “mito de igualdad racial” más que igualdad racial en sí.

El trabajo de Helg prepara el escenario para que los historiadores se pregunten porqué la promesa de antirracismo promovida durante la guerra de 1895 contrastaba tan profundamente con la realidad continua de discriminación en la república.

El trabajo de Ada Ferrer sobre los treinta años de la lucha de independencia (1868-98) asevera que afrontar las identidades raciales y los derechos basados en la raza en la revolución, en vez de declarar igualdad racial, se convirtió en el fundamento del discurso político e ideológico sobre nación. Ferrer encontró que el compromiso de los líderes oficiales revolucionarios con el anti racismo, constituyó tanto un punto de atracción para los cubanos de todas las clases sociales como el centro de tensión en el proceso de independencia.

Esta “retórica de anti racismo” no sólo facilitó el reclutamiento e inclusión de la mayoría de los soldados negros pobres y mestizos en la Armada de Liberación, también facilitó el avance de los cubanos negros a través de las filas de la armada.

Para Alejandro de la Fuente el lenguaje de la nacionalidad libre de racismo dio lugar a una ideología de democracia racial entre las elites políticas que los cubanos afro descendientes usaron para su beneficio. De la Fuente ve la combinación de las ideologías anti racistas de la república y el sistema preexistente de movimientos sociales a través de un proceso de blanqueamiento útil para los negros.

Helg y De la Fuente difieren dramáticamente en sus conclusiones. Para Helg, los cubanos afro descendientes no podrían avanzar, en términos hipócritas, sin la ayuda de los blancos. Para De la Fuente y para Ferrer, los cubanos afro descendientes reconocieron las limitaciones de la cubanidad anti racista, que por tanto tiempo los líderes políticos habían ofrecido, pero también respondieron a las condiciones que ésta impuso, especialmente como individuos, beneficiándose de sus características inclusivas.

Este ensayo explora cómo la flexibilidad inherente del discurso de identidad nacional anti racista derivado de la guerra de 1895 enmascaraba un conflicto de interpretaciones sobre la nación que emergieron en la República. Responde a dos preguntas clave: primero, ¿En qué grado las interpretaciones divergentes sobre “raza” se implantaron en las visiones divergentes sobre la nación? Y segundo, ¿Cómo privilegiando el concepto de nación como un primer lente de análisis sobre la raza y clase se puede explicar del desarrollo político de Cuba más ampliamente?

CONSTRUYENDO Y CONTRADICIENDO UN ESTADO HISPANOFILIO: RAZA, IDENTIDAD Y LA LUCHA SOBRE LA NACIÓN

En vez de romper las leyes coloniales, las tradiciones sociales o las políticas autoritarias del pasado colonial, el primer gobierno nacional cubano bajo Estrada Palma, adoptó posiciones oficiales y tomó medidas que construyeron los legados coloniales cubanos. Estas medidas reprimían las libertades civiles, marginaban los intereses de la clase popular y consolidaron el sistema de plantación como la base de una economía capitalista dominada por extranjeros.

Estrada Palma confirmó un patrón de posicionamiento y un estilo de gobierno instituido por la milicia estadounidense. Oficiales estadounidenses habían trabajado duro en construir lo que el historiador Louis A. Pérez llamó “la ausencia cubana” de su propia victoria sobres los españoles. En vez de posicionar cubanos revolucionarios al poder en los gobiernos municipales y la judicatura, los intervensionistas usualmente preferían mantener en sus postas a los oficiales contra quienes se habían enfrentado en la guerra y cuyas reglas habían demonizado en la prensa estadounidense.

Mucho antes que los Estados Unidos intervinieran en Cuba en 1898, Estrada Palma ya había calculado los beneficios de incluir a los españoles en las prioridades del Estado. Después de 1902, la inclusión de los españoles por Estada Palma resultó en la exclusión de los cubanos afro descendientes.

Esta práctica representaba un aspecto clave en las políticas administrativas para la construcción de una versión ideal de nación Hispano Cubana que era paralela a políticas similares del gobierno militar intervensionista estadounidense.

Durante el primer año de la República, el estado unió un silencio discursivo sobre la raza con políticas de contrato claramente discriminadoras, incluida la armada, la guardia rural y la policía. Debido a que las solicitudes de trabajo en el gobierno requerían calificaciones educativas altas y referencias sociales (ambas condiciones a las cuales un pequeño grupo de cubanos negros podrían aspirar). Los puestos del gobierno fueron desproporcionadamente ocupados por españoles y opositores de la revolución.

Más del doble de españoles que de negros trabajaban en el gobierno de Estrada Palma. Los veteranos negros y oficiales conservadores encontraron evidencia continua de discriminación racial en la nueva República a través del filtro ideológico de sus respectivas visiones sobre la nación.

Estrada Palma declaró “no todos somos del mismo color”, esto significaba que los candidatos al servicio civil serían evaluados según sus “méritos” justo como Martí había prometido. Pero “méritos”, como Estrada Palma los definían, significaba que los cubanos serían contratados según su capacidad. Cumpliendo con los deberes del servicio civil en un gobierno civilizado requería antecedentes educativos y los valores culturales “altos” de la sociedad blanca de elite y que por defecto la mayoría de los negros carecían.

Muchos veteranos se sintieron doblemente discriminados, primero por su herencia africana y la diferencia en el nivel educativo que necesariamente implicaba y segundo, por ser forzados a competir con enemigos formales de la revolución por puestos de trabajo en el gobierno que debía su existencia a patriotas como ellos mismos.

El General Generoso Campos Marquetti era el líder de nueve sociedades mutuales de negros, era un prominente veterano. Mientras Campos Marquetti aseveraba que el Estado necesitaba defender los intereses de los veteranos negros, sin los que la revolución no hubiera sido posible, Estrada Palma dijo que hacer tal reclamo de fundamento racial era traicionar a la base anti racista sobre la que la Revolución se había fundado.

Una segunda comisión de cubanos negros, esta vez formada enteramente por veteranos, se reunió con el presidente. El representante fue el Coronel Evaristo Estenoz que articulaba la frustración de los veteranos de color con el favoritismo racial del estado hacia los blancos que pretextaba ser no racistas, y auténticamente nacionalistas cubanos. (Cinco años después, Estenoz fundó un partido político con alta conciencia racial por la misma razón).

Los delegados reiteraban que la visión de Campos Marquetti era la de un sistema político de patronaje que admitía a los negros en sus filas sobre la base de la conveniencia y que no era democrático y seguro que no era un objetivo por lo que habían luchado ellos. Tal sistema solo usaba a los negros mientras aseguraba su permanente falta de oportunidad igualitaria bajo la ley.

La recién organizada Asociación de Veteranos de Color atrajo a cubanos negros de varias ideologías políticas y sociales a una reunión histórica en el teatro Albisu de la Habana. Su propósito era el de discutir posibles estrategias de respuesta a la inactividad completa del Estado sobre temas raciales y de veteranos. Su representante era Gualberto Gómez.

En vez de admitir que los sentimientos continuos sobre el perjuicio racial en contra de los negros era un problema que ni la revolución ni las elites políticas emergentes habían ayudado a resolver, Gómez acusó a la influencia estadounidense de cualquier muestra de racismo contra los negros. El no vio que la política revolucionaria de silenciar a la raza y considerar la significancia histórica de las identidades raciales en la definición de las condiciones sociales de ambos, cubanos negros y blancos, como problemática.

En contraste, los activistas negros como Campos Marquetti y Estenoz reconocieron que silenciar a la raza podría reforzar en vez de eliminar los prejuicios. El no racismo fundamental de la cubanidad que alguna vez permitió la participación de los cubanos en la lucha por la independencia como ciudadanos “iguales” ahora servía para justificar la constante discriminación del Estado contra los negros. Una vez que se pasó de la guerra de guerrillas a la realidad republicana, el ideal de fraternidad racial que Martí y los líderes revolucionarios perseguían sustituyendo las reclamaciones por equidad racial entre blancos y negros se convirtió precisamente en eso, en un sustituto.
Como caudillos revolucionarios con todos los derechos, Gómez y Morúa no solamente abnegaron responsabilidades por la condición de los negros atribuyendo a las “políticas de fraternidad racial”. Tampoco se acomodaron meramente a “mito de igualdad racial” generado por blancos que describe Helg. En vez de eso, la posición de Gómez y Morúa sobre la relación entre raza y nación salida de su experiencia de activistas de los derechos civiles por largo tiempo bajo las reglas coloniales españoles.

Gómez y Morúa estaban comprometidos a lograr la transformación social y unificación de su sociedad en términos raciales. Gómez vio su trabajo como periodista, abogado y coordinador de sociedades a favor de los negros, porque él promovió a todo nivel la aculturación de los cubanos negros fuera de las prácticas y creencias africanas como un primer paso hacia el desarrollo social.

Morúa difería fundamentalmente con Gómez en el tema de la aculturación, Morúa pensaba que no era posible que la aculturación fuera un prerrequisito para ganar la aprobación de los blancos, o simplemente un prerrequisito para tener derecho a la igualdad. Mientras Gómez era un chauvinista cultural que creía que la “inferioridad” de todos los cubanos blancos derivaba de su limitado acceso a las altas culturas europeas, Morúa tenía argumentos sobre la necesidad de la aculturación basado en las diferencias biológicas. Para Morúa los negros eran una raza distinta a los mulatos, en el sentido que los mulatos tuvieron grandes chances de automejorarse que los negros por su proximidad genética a los blancos les dio una ventaja.

Morúa enfatizaba la naturaleza innata de la raza, mientras que Gómez, como Martí, insistía que las distinciones raciales sólo dependían de las diferencias en el acceso a educación que los blancos habían disfrutado preferentemente y la supuesta “superioridad” de la cultura europea que adquirieron como resultado. Así, Morúa veía a la raza como el producto biológico mientras Gómez veía a la raza como una extensión de circunstancias históricamente contingentes.

Irónicamente, pese a que sus definiciones sobre la raza diferían, Tanto Gómez como Morúa perseguían el ideal de fraternidad racial por la misma razón: ellos pensaban que la promoción de la meritocracia servía como un antídoto para la discriminación de los negros por parte de los blancos. Ambos rechazaban la legitimidad del discurso racial de la nación cubana.

La inamovible fe de Gómez en su ideal de fraternidad racial, como la de Martí en 1890, fue condicionada por el pragmatismo del patriotismo. Gómez pensaba que los activistas veteranos negros violaban el ideal de fraternidad racial por sus reclamos de que ésta no existía.

En los primeros meses de la República, el tratamiento a los activistas veteranos se vio como intransigencia política por la cual es Estado bajo el mando de Estrada Palma se convertiría en el más conocido.

En noviembre de 1902, las elites tanto conservadoras como liberales enfrentaron un movimiento social de protesta como no se había visto antes en la república. Liderizado por negros y trabajadores tabacaleros blancos, muchos de los cuales habían formado el corazón de la clase obrera en el Partido Revolucionario Cubano y de la revolución desde el exilio en Florida, una huelga general paralizó a la Habana y movió los fundamentos de la economía política cubana. Notablemente, las demandas de los huelguistas no se centraron en salarios sino en las implicaciones prácticas de una república fundada en ideales de fraternidad racial y unidad social.

CONFRONTANDO LOS SIGNIFICADOS DE FRATERNIDAD RACIAL Y UNIDAD SOCIAL: LA DESOBEDIENCIA Y LA POSICIÓN POLÍTICA RECALCITRANTE EN LA HUELGA GENERAL

La misma noche que Estrada Palma aceptó la membresía honoraria en la creme de la creme de la sociedad española, el Comité Central de la Liga General de Trabajadores sostuvo una reunión para preparar la huelga.

De acuerdo al censo realizado en ese periodo, más de la mitad de los trabajadores nativos tabacaleros fueron identificados como cubanos de color. Sin embargo, las distinciones que los trabajadores tabacaleros tenían entre ellos no estaban basadas en la raza (definida como la combinación de biología, fenotipo, cultura, educación y salud) y no en la nacionalidad.

Un gran número de trabajadores tabacaleros de la Habana recién había llegado de Florida. Desde 1880, estas comunidades emigrantes de Florida se habían ganado la reputación, el foco de la actividad laboral. Sin embargo, muchos trabajadores habían dejado Cuba por Florida debido a la persecución española por sus creencias socialistas y anarquistas. En la temprana década de 1890, estos mismos trabajadores tabacaleros formaron un núcleo de soporte para Martí en sus esfuerzos de expandir el apoyo popular para una nueva lucha por la independencia.

Los ideales de Martí de fraternidad racial entre los cubanos descansaban en el corazón mismo de las demandas de los huelguistas. Ellos pidieron y ganaron el apoyo de individuos cercanos a Martí como Fermín Valdéz Domínguez, un amigo de la infancia de Martí y veterano prominente. Usando el estandarte de nación y de derechos el acceso a sus recursos, los huelguistas ablandaron, intimidaron y empujaron a trabajadores de otros sectores de la economía a unirse a la huelga o convertirse en traidores.

Políticos liberales no ofrecieron a los huelguistas ninguna alternativa. A pesar de haber intentado inicialmente mediar la huelga, el objetivo de los líderes como Juan Gualberto Gómez reuniéndose con los huelguistas era simplemente dispersar la situación convenciéndolos a retroceder.

Finalmente, entonces, la oposición liberal amaba el orden y el compromiso a mantener líneas estrictas verticales de autoridad con las masas desestabilizando los ideales en los que ellos insistían y que los trabajadores huelguistas no asumieron.

SALVANDO CUBA: INMIGRACIÓN BLANCA COMO LA SOLUCIÓN FINAL A LA DESOBEDIENCIA RAZA-CLASE

El final de la huelga general de 1902 marcó un momento fundamental en la historia de la República temprana. Después de 1902, la administración de Estrada Palma gradualmente hizo oídos sordos a las demandas venidas desde abajo. En los primeros meses de 1903, las decisiones políticas de la oposición para fundar el Partido Liberal como una organización basada en las masas y la posibilidad de nuevas elecciones en 1904 y 1906 ofreció a la clase popular cubana una esperanza, al menos por ese momento. Sin embargo, el proyecto conservador de Estrada Palma para la nación tomó un giro radical sucedido en 1904. Para la primavera de 1904, la administración alcanzó un gran apoyo del congreso en un plan de re-racializar Cuba a través de la inmigración europea. El propósito era neutralizar los conflictos, “inmunizando” la sociedad con nueva sangre y nuevas culturas que prometía un futuro próspero de unidad.

Esta visión era también promovida en los medios y aceptadas por una vasta mayoría de cubanos en los escalones superiores de la sociedad.

Las elites conservadores y el Estado culturalmente mistificado de Cuba las clases bajas, se mostraban contaminadas por instintos violentos o tendencias perversas nacidas de la mezcla, de su herencia racial no blanca. Entre 1903 y 1906 los conservadores que apoyaban a Estrada Palma adoptaron una racionalidad científico-social y enfatizaron la promoción del Estado de la inmigración blanca.

Bajo esta racionalidad estaba la idea de que antes de la independencia, Cuba no pudo resolver su necesidad de mano de obra barata agrícola deteriorando la evolución cultural y la modernización económica del país.

Debido a que Cuba confió en la inmigración de África, Yucatán y Asia para resolver su problema laboral de corto plazo en el siglo diez y nueve, Santos Fernández dijo que se había arriesgado las perspectivas de largo plazo.

Mientras los líderes negros como Morúa, periódicos negros como “EL nuevo Criollo”, y la prensa laboral denunciaban los propósitos migratorios, ninguno, estratégicamente, asumió las dimensiones raciales y racistas, claramente para ganar apoyo entre los del recientemente constituido Partido Liberal.

En el tiempo en que la propuesta de inmigración fue llevada al Congreso en febrero de 1906, la administración, los revolucionarios ex conservadores y la vasta mayoría de los partidarios de los españoles, ahora organizados como moderadores, habían construido una máquina política.

Como resultado, la propuesta titulada “proyecto de ley de inmigración y crecimiento nacional” puede ser entendida como un manifiesto ideológico representando el extremo al cual este sector, liderizado por Estrada Palma, seguiría para satisfacer su propia visión ideal de nación. El artículo 10 de la propuesta estipulaba qué inmigrantes favorecerían al Estado, “individuos de raza caucásica se podían considerar acogidos por esta ley”. El artículo 17 “excluía de sus privilegios de esta ley” a los “individuos y familias de raza de color, sean negros, Malayos, Mongoles, de las razas oceánicas y todos los mestizos, los gitanos y los conocidos como zíngaros”

Los proponentes explicaron la lógica detrás de su plan para el desarrollo nacional de esta manera:

“No hay opiniones contrarias a la idea de fomentar la población blanca; todos están de acuerdo en la necesidad de atraer lo más pronto posible el mayor número de familias europeas que podrán estar asentadas en nuestro país para contribuir con su número, su ejemplo, su actividad y su energía a desarrollar la producción, ayudándonos a consolidar las bases para apoyar nuestras instituciones contemporáneas”

Significativamente, la propuesta del Presidente Estrada Palma que eventualmente se firmó como ley el 11 de julio de 1906, no mencionaba las exclusiones raciales gracias a los esfuerzos de los congresistas negros.

CONCLUSIONES

Los primeros días de 1902, las posibilidades que tanto el Estado como la oposición política tenían para mejorar las condiciones históricas de discriminación hacia los negros eran extremadamente limitadas. Las elites políticas cubanas percibían la propagación de los temas sobre raza e identidad como contradictorias a las ideas de unidad social y fraternidad racial por las que la guerra de independencia había peleado y sobre las que su visión de nación estaba fundada. Esto dejaba muy poco espacio a los activistas negros de actuar autónomamente en el ámbito político liderizado por la oposición.

Una vez más, ni el Estado ni la oposición liberal podían tolerar el uso de la protesta social como razón para articular sus demandas.

Los objetivos de los veteranos activistas negros y los de los huelguistas eran los mismos. Sin embargo para la administración de Estrada Palma, las hostilidades de los trabajadores hacia los españoles desestabilizaron su proyecto de construir una nación basada en el orden de la colonia española y una afinidad por la cultura e identidad española. Para los liberales, la resistencia de los trabajadores a la represión del Estado significaba un impulso revolucionario hacia el cambio que ellos no podían controlar y por lo tanto no aceptaban ni compartían.

Los liberales ajustaban sus reacciones sobre las protestas sociales autónomas de los veteranos negros y los trabajadores huelguistas a su visión de nación, que ellos definían como el bastión de soberanía y legitimación de su propio poder históricamente inscrito. Inevitablemente, esto significaba que los líderes liberales escondieron el significado histórico de la raza creando estructuras de inequidad a través de la esclavitud, leyes coloniales y discriminación a la sombra de sus propias demandas de poder en el Estado.

Como actores autónomos, los hombres que bailaron y tocaron tambores africanos en la casa de la calle Jesús Peregrino el día de la independencia de Cuba libremente incorporaron sus derechos a ser miembros de una nación por la que habían luchado y que esperaban que el Estado la implemente. De esa forma, ellos ya actuaban con ciudadanos iguales capaces de elegir y expresar sus creencias sin la mediación o la sanción del Estado o de los líderes de la revolución.
Publicado por chachaki2010 @ 17:54  | Factor Raza
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